Lo mejor del 2010: Una selección personal

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Publicado originalmente en Zona Negativa.

Como sucede cada año cuando el calendario marca estas fechas, comienzan a proliferar toda suerte de listados destinados a recapitular, analizar y repasar los acontecimientos ineludibles, desarrollados en los más variados ámbitos durante los últimos doce meses. Interminables enumeraciones que en ocasiones tratan de establecer un orden jerárquico con la calidad o relevancia como criterios prioritarios, mientras que en otras tan solo aspiran a contener pequeñas reflexiones redactadas a vuelapluma que, con un poco de suerte y ciertas dosis de complicidad, tal vez deriven en un entretenido intercambio de opiniones.

Con este ánimo, en Zona Negativa afrontamos la última semana de 2010 publicando alguna que otra entrada reflejo de los gustos y pareceres de diferentes redactores. Y si Juan Peña abrió la veda, y Diego Matos tomó el testigo, quien escribe estas líneas a punto está de continuar esta semana temática con su particular lista.

Un buen montón de tebeazos publicados durante 2011

Vaya por delante la ya habitual aclaración: pese al título que encabeza este texto, no tengo la vocación, las ganas, ni el atrevimiento de categorizar una docena de tebeos como “los mejores” del año que a punto está de finalizar, sino comentar brevemente aquellos tebeos con cuya lectura más he disfrutado durante los últimos doce meses. Por razones muy variadas y siempre condicionado por infinidad de factores subjetivos, que van desde la predilección por autores, géneros o estéticas concretas, hasta el estado anímico o las circunstancias con las que se aborda una lectura. Sea como fuere, doce tebeos que me atrevería a recomendar con efusividad, cuyo comentario trato de acompañar con enlaces a reseñas, entrevistas y páginas web o blogs de sus autores. Sin más dilación, entremos en materia…

Una selección personal


Batman and Robin, de Grant Morrison y Frank Quitely; serie regular mensual (grapa) de 48 págs.; Planeta DeAgostini Cómics (mayo de 2010 / enero de 2011); 3,50 €.

Comenzamos haciendo referencia a la nueva serie regular creada por Grant Morrison, inaugurada junto a un viejo conocido tan sobrado de talento como Frank Quitely. Aunque la colaboración tan solo se prolongó durante las tres entregas que integran el primer arco argumental, la “conexión escocesa” sirvió como perfecto preámbulo de una colección concebida como extensión natural de la etapa de Morrison al frente del universo ficcional del Caballero Oscuro; una continuación directa de lo acontecido en Batman R.I.P. y Crisis Final que, leída de forma paralela a El regreso de Bruce Wayne –algo desgraciadamente imposible en la edición de Planeta DeAgostini Cómics–, se confirma como pieza de vital importancia dentro del gigantesco puzle tramado por el veterano guionista. Partiendo de un enfoque pop en el que viejos conocidos pululan junto a una interminable galería de nuevos personajes –impagables freaks, en ocasiones limitados a una presencia testimonial– este recomendable divertimento consagra a la dupla formada por Dick Grayson y Damian Wayne como inmejorables Batman y Robin, merced a una interacción fundamentada en la acertadísima caracterización de ambos personajes.

Independientemente del disfrute adicional que proporciona un conocimiento profundo de la continuidad del Hombre Murciélago, y pese a cierta irregularidad en el apartado gráfico –propiciada por Philip Tan y subsanada por unos Cameron Stewart y Frazer Irving que rayan a gran nivel–, merece la pena darle una oportunidad a esta obra, que parte de un presupuesto delirante: “¿Y si David Lynch hubiera dirigido el show televisivo de los años sesenta?”. [Entrevistas a Grant Morrison, publicadas en iO9, CBR e IGN].

Planetary vol. 2, de Warren Ellis y John Cassaday; tomo recopilatorio de 368 págs. encuadernado en cartoné; Norma Editorial (diciembre de 2010); 26,00 €.

Proseguimos con el esperadísimo segundo volumen de Planetary, que tras su interminable periplo editorial, pone un broche de oro a la colección creada por Ellis y Cassaday. Diferente, original, atrevida y redonda, esta serie presenta una estructura de números unitarios, autoconclusivos y perfectamente comprensibles de forma individualizada, que analizados en su conjunto no solo dan forma a una trama apasionante, sino que también se convierten en un precioso y preciso estudio de las raíces del género superheroico. Toneladas de talento, las que sacan a relucir unos autores que adaptan su prosa y su trazo a los más variados géneros y estilos, desarrollados en base a las aventuras vividas por los inolvidables arqueólogos de lo imposible -catalogadores de las maravillas y misterios de nuestro mundo- que responden a los nombres de Elijah Snow, Jakita Wagner y The Drummer.

Un cómic irrepetible que, siendo comedidos, podríamos considerar que acumula méritos suficientes para figurar entre los mejores títulos publicados durante esta década; y dejándonos llevar por el entusiasmo –personalmente, invito a ello–, bien podríamos encuadrar dentro de la selecta y difusa categoría de las “obra maestras”. [Análisis global de Planetary, publicado en Zona Negativa].

X-Factor, de Peter David y VV.AA.; serie regular mensual (grapa) de 24/48 págs.; Panini Cómics; 1,95 / 3,25 €.

Como única serie regular mensual y en formato grapa –en peligro de extinción, aparentemente–, toca hacer referencia a X-Factor. Un pequeño oasis dentro del Universo Marvel en general, y la franquicia mutante en particular que, ajeno a tendencias predominantes, saca a relucir lo mejor del género superheroico con una frecuencia pasmosa. Pese a sus discretas ventas, parece que los responsables editoriales de “La Casa de las Ideas” están decididos a apoyar la inusual propuesta de Peter David, cuyo característico sentido humor resulta todo un soplo de aire fresco en los tiempos que corren, en que macroeventos, muertes y resurrecciones promovidas por las dos grandes editoriales pretenden convertirse en demostración de una carga dramática que en no pocas ocasiones parece forzada o impostada, cuando no hueca, vacía, y anticlimática, por repetitiva.

En este contexto, David y los diferentes colaboradores que le han acompañado –el gráfico es el apartado más flojo, a excepción de los primeros números, obra de Ryan Sook– se afanan en narrar las vivencias de Jamie Madrox y la peculiar agencia de investigación que lidera, partiendo de la clara y encomiable vocación de divertir y sorprender… ¡y vaya si lo consiguen! Con permiso de Astonishing X-Men, la mejor serie mutante de los ¿10, 15… 20? últimos años. [Entrevista a Peter David, publicada en Newsarama].

AIDP, de Mike Mignola, John Arcudi y Guy Davis; tomos recopilatorios de 152 págs. encuadernados en rústica; Norma Editorial (julio y noviembre de 2010); 15,00 € c/u.

Difícil papeleta, a la que se enfrentó Mike Mignola cuando decidió expandir la franquicia Hellboy… ¿Conseguiría una nueva colección mantener el tipo frente a la “serie madre”? ¿a quién encomendar tal tarea? Aunque desde un primer momento todos los indicios apuntaban a que la estrategia de Mignola era a todas luces acertada, no cuesta demasiado imaginar al popular historietista soltar un suspiro de alivio (y admiración) al comprobar la excelente sintonía existente entre John Arcudi y Guy Davis, artífices junto al “padre de la criatura” de uno de los mejores cómics publicados en la actualidad… así, sin matices ni distinciones genéricas ni de cualquier otra índole.

Guiones excelentes, una caracterizaciones modélica, y una interacción de personajes para el recuerdo, plasmadas en forma de viñetas y bocadillos gracias a Davis, quien esperemos que algún día vea reconocido en su justa medida un talento fuera de toda duda, no solo limitado al diseño de monstruosidades que bien podrían salir de la peor de las pesadillas imaginables, sino también por una consistencia narrativa fuera de toda duda. Pese al desesperante goteo en que se ha convertido su publicación en España –todavía restan cuatro tomos recopilatorios inéditos-, durante 2010 pudimos disfrutar con dos entregas de esta serie: 1946 y La advertencia, nuevas muestras del atractivo de la Agencia de Investigación y Defensa Paranormal. Una colección imprescindible. [Entrevista a Guy Davis, publicada en Comic Monsters].

Los muertos vivientes, de Robert Kirkman y Charlie Adlard; tomos de 136 págs. encuadernados en rústica; Planeta DeAgostini Cómics (febrero, mayo, agosto y noviembre de 2010); 7,50 €.

Si en años anteriores recomendamos efusivamente esta colección, ¿cómo no hacerlo, precisamente cuando ha trascendido a un público masivo? Todo ello gracias a la meritoria adaptación televisiva capitaneada por un voluntarioso Frank Darabont que, aunque diligente e incluso inspirado en su tarea, no ha alcanzado los niveles de excelencia de Robert Kirkman y Charlie Adlard. Afortunadamente, es de suponer que el inevitable proceso de retroalimentación habrá repercutido en las ventas de la colección, de forma que probablemente posibilitará que nuevos lectores se acerquen a este relato de supervivencia extrema, esta odisea que, con Rick Grimes como principal protagonista, explora la decadencia de la raza humana, que en las situaciones más comprometidas saca a relucir su peor faceta.

Pese a una repetición de estructuras argumentales que invita a cuestionarse por qué derroteros planea llevar la serie el guionista de Kentucky, lo cierto es que los últimos tomos publicados –Teme a los cazadores y Vivir entre ellos– presentan un interesante cambio de tercio, representativo del modo en que los acontecimientos han hecho mella en los protagonistas. Un tebeo tan recomendable como devastador, no apto para estómagos sensibles.. [Entrevista a Robert Kirkman, publicada en UGO.com y reseñas publicadas en Zona Negativa].

100%, de Paul Pope; tomo recopilatorio de 256 págs. encuadernado en cartoné; Planeta DeAgostini Cómics; 20,00 €.

Aunque con una frecuencia y en una cantidad menor de la deseada por muchos lectores, parece innegable que la obra de Paul Pope se va abriendo camino en España. Tras Heavy Liquid, Batman: Año 100, Solo #3 y diferentes piezas publicadas en cabeceras protagonizadas por personajes tan míticos como Spiderman, Los 4 Fantásticos, o el Hombre Murciélago, durante 2010 tuvimos la oportunidad de disfrutar con su aportación a la antología Relatos Extraños. Pero por encima de todo, se nos presentó la ocasión de paladear cada página de 100%, segundo proyecto realizado para el sello Vertigo, que hunde sus raíces en Smoke Navigator, obra inédita fruto de su colaboración con la editorial nipona Kodansha.

Reincidiendo en la Nueva York hipotética que ya atisbamos en Heavy Liquid, Pope plantea un relato de ciencia ficción en el que todo el peso dramático recae sobre las relaciones que mantienen seis personajes, de algún modo vinculados al popular club Catshack. Lejos de lo anecdótico, el hecho de situar la obra en el año 2038 es aprovechado por el autor natural de Pennsylvania para idear un contexto cultural, político y tecnológico tan curioso como sorprendentemente plausible. Pero por encima de todo, la historia construida –perfectamente estructurada, fluida y con un final perfecto– se consolida como una de sus obras más redondas y consistentes. A la espera de un 2011 que llegará cargado de nuevos y esperados proyectos, conviene rescatar del olvido este precioso tríptico romántico, en el que los guiones de Pope están a la altura de su genial trazo. [Entrevista a Paul Pope y artículo de 100% publicado en Zona Negativa].

Scalped, de Jason Aaron, R.M. Guéra y vv.aa.; tomos recopilatorios de 144 y 168 págs. encuadernados en rústica; Paneta DeAgostini Cómics (marzo y agosto de 2010); 14,95 € c/u.

Sensaciones encontradas, ante cada nuevo tomo de esta colección: alivio, por saciar una espera que se hace eterna, y temor, por el incierto futuro que aventuran sus discretísimas cifras de ventas (al menos al otro lado del Atlántico). Sea como fuere, e independientemente del tiempo que se prolongue la interesantísima y adictiva serie de Aaron y Guéra, cada número debería ser celebrado por los amantes del género negro, habida cuenta de la calidad contenida en cada página de esta propuesta áspera, violenta y desesperanzadora, tan deudora de los convencionalismos del género, como eficaz, contundente y lúcida en la disposición de dichos elementos.

Si este año pudimos disfrutar con dos entregas de ScalpedRoído y Triste y solo–, a punto estamos de recibir el inminente 2011 acompañados de un ejemplar de El blues de la reserva; un nuevo arco argumental que nos permitirá conocer el devenir de las desventuras de Dashiell Caballo Terco, joven agente del FBI infiltrado en la reserva liderada por Lincoln Cuervo Rojo, presidente del consejo de jefes tribales y amo y dominador del crimen organizado de la zona. Un tebeo imprescindible. [Entrevista a R.M. Guéra, publicada en Zona Negativa].

Daytripper, de Gabriel Bá y Fábio Moon; tomo recopilatorio de 248 págs. encuadernado en cartoné; Planeta DeAgostini Cómics (diciembre de 2010); 25,00 €.

Ante el negrísimo panorama que asola al sello Vertigo de DC Comics, cuyo futuro parece más incierto que nunca, resulta reconfortante que el rincón del cómic mainstream que alumbró el nacimiento de tantas estrellas haya propiciado la materialización de una de las grandes sorpresas del pasado año. Serializada en diez entregas, y recopilada en su edición española con una rapidez inusual, Daytripper representa la consolidación de Gabriel Bá y Fábio Moon, historietistas brasileños –hermanos, y gemelos, para más señas– que durante la última década han sabido construir una carrera en la que alternar proyectos personales y comerciales… hasta llegar a esta ambiciosa obra, que aúna los rasgos temáticos y emocionales tan característicos de su bibliografía con el respaldo promocional de una gran editorial.

Sin ánimo de desvelar demasiados detalles argumentales que bien podrían arruinar la experiencia de lectura, cabe señalar que Daytripper se centra en la figura de Brás de Oliva Domingos, hijo de un famoso novelista que pese a su empeño, parece incapaz de seguir los pasos de su progenitor. En su lugar, se encarga de redactar los obituarios de un diario, mientras permanece instalado en una suerte de bloqueo existencial, apático y melancólico. A partir del sorpresivo giro argumental que depara el desenlace de la primera entrega, se abre todo un abanico de posibilidades, retales de existencia(s), reflejo de escenas vitales demostrativas de la importancia de los pequeños detalles. Un guión muy especial –escrito a cuatro manos por los autores–, cuya carga dramática se traduce en forma de viñetas gracias al trazo sensible e inspirado de Moon. Muy recomendable. [Entrevista a Fábio Moon y Gabriel Bá, publicada en Zona Negativa].

El invierno del dibujante, de Paco Roca; tomo de 128 págs. encuadernado en cartoné; Astiberri ediciones (noviembre de 2010); 16,00 €.

Con el realismo mágico de la fenomenal Las Calles de Arena muy reciente, y precedida por la irregular El Ángel de la retirada –una obra menor, en comparación con la bibliografía reciente de este autor–, Paco Roca ha propiciado uno de esos extraños casos en que parece imperar la unanimidad… relativa no solo a la opinión generalizada de que éste es el mejor trabajo de su carrera, sino también a la convicción de estar ante uno de los mejores títulos de la historieta nacional reciente. Y precisamente lo ha conseguido gracias a un tebeo que nos retrotrae a una época en la que pioneros de la talla de Cifré, Conti, Escobar, Peñarroya y Giner comenzaban a luchar por sus derechos, relativos tanto al aspecto económico, como a la libertad creativa ansiada, que cristalizaría en la fundación de la revista Tío Vivo.

En un esfuerzo de documentación ímprobo, Roca retrata con esmero la Barcelona de la década de los cincuenta y el micromundo cuyo epicentro radicaba en las oficinas de la Editorial Bruguera, para ofrecernos una visión de este momento clave del medio, destacando de forma muy especial la secuenciación de determinadas conversaciones –en las que fondos fijos no restan ni un ápice de interés ni ritmo a la escena–, y la utilización del color con fines narrativos, en base al curioso recurso de teñir el fondo de página de determinados colores, en función de criterios cronológicos e incluso emocionales. Una auténtica delicia de “tebeo”… aunque tal denominación levantara ampollas en las oficinas de Bruguera. [Entrevista a Paco Roca, publicada en Zona Negativa].

Castillo de arena, de Frederik Peeters; tomo de 184 págs. encuadernado en rústica con solapas; Astiberri Ediciones (junio de 2009); 19,00 €.

A estas alturas, lo de Peeters parece un empeño personal en “malcriar” a sus lectores a través de una sucesión de obras que mantienen un nivel de calidad sencillamente apabullante. Tras la recopilación de historias cortas Dándole vueltas –testimonio de su evolución y variedad de registros– y la excelente y armoniosa muestra de surrealismo titulada Paquidermo –enésima demostración de una interesantísima habilidad “deformadora de la realidad”–, surge este proyecto, fruto de la colaboración con el cineasta y documentalista Pierre Oscar Lévy.

Juntos, idean una trama centrada en la llegada de hasta trece individuos a una pequeña playa ubicada en las afueras de una localidad indeterminada. Pero lo que inicialmente estaba destinado a convertirse en un tranquilo día de asueto no tarda en verse alterado por el hallazgo del cadáver de una joven desnuda, flotando en el agua. A raíz de dicho acontecimiento, comienzan a desvelarse una serie de inexplicables peculiaridades que impregnan de misterio una cala en la que el elenco de personajes pasarán el día más largo de sus vidas. Tensión dramática, crítica social, pinceladas de ciencia ficción y buenas dosis de misterio, en una obra que Peeters aprovecha una vez más para sacar a relucir el genio de su trazo, fluido, orgánico, y puesto al servicio de unas peculiaridades argumentales que permiten subrayar su innato talento. Suma y sigue, el suizo; y sus fans, encantados, ansiosos por hincarle el diente a su inminente regreso a la ciencia ficción… [Entrevista a Frederik Peeters, y reseña de Castillo de arena publicada en Zona Negativa].

Kitaro vol. 1, de Shigeru Mizuki; tomo recopilatorio de 224 págs. encuadernado en rústica con solapas; Astiberri Ediciones (octubre de 2010); 18,00 €.

Si tuviera que rescatar un acontecimiento acaecido durante 2010 relativo a publicaciones comiqueras, muy probablemente destacaría la ansiada recuperación de tres obras de seminal importancia en la bibliografía de ese coloso del manga que responde al nombre de Shigeru Mizuki. Tras el lanzamiento de Hitler: La novela gráfica por parte de Glénat (2009), Astiberri puso a nuestro alcance dos títulos de la talla de NonNonBa y Operación Muerte, coronadas durante el pasado mes de octubre con el manga al que este inconmensurable autor debe buena parte de su fama: Kitaro.

Lejos de representar una molestia, lo cierto es que el orden en el que se han publicado estas obras ha contribuido a contextualizar las filias temáticas de Mizuki, aludiendo a los acontecimientos que precedieron al inicio de su carrera como mangaka, y al origen de su fascinación por los yôkai, entidades características del folclore japonés que protagonizan la obra a la que hacemos referencia en este epígrafe. Acompañado por su padre –o del ojo de su padre, que en un alarde de supervivencia se convirtió en la cabeza de un diminuto cuerpo–, Kitaro “el del cementerio” vivirá una deliciosa sucesión de aventuras, cada cual más extraña, divertida y surrealista, hasta dar forma a una obra que, esperemos coseche el éxito suficiente para garantizar su continuidad. Imprescindible y, en mi opinión, el tebeo de 2010. [Entrevista a Shigeru Mizuki, publicada en The Japan Times Online].

Pluto, de Naoki Urasawa; Tomos recopilatorios de 192 ó 208 págs. encuadernados en rústica; Planeta DeAgostini Cómics (mayo, julio, septiembre y noviembre de 2009); 7,95 € c/u.

Nada malo podía salir de un homenaje de Naoki Urasawa a la obra de Osamu Tezuka. Precisamente el año en que el “Dios del manga” fechó el nacimiento en la ficción de su popular Astroboy (2003), se gestó un homenaje realmente ambicioso: contando con la ayuda de Takashi Nagasaki y la supervisión de Macoto Tezka (hijo de Osamu), Urasawa se propuso crear un manga basado en la historia de Astroboy titulada El mejor robot de la Tierra. Así, se nos presenta una trama centrada en Gesicht, detective de la Europol absorto en la resolución de una serie de asesinatos relacionados con robots. Lo más desconcertante del asunto es que el responsable parece ser un androide… circunstancia teóricamente imposible, debido a la programación de los ingenios mecánicos.

Adentrándose en el universo de ficción de Tezuka, y con la inspiración de Phillip K. Dick o Isaac Asimov, Urasawa firma un thriller marca de la casa, en el que, como ya hiciera en Monster o 20th Century Boys,vuelve a sacar a relucir su inigualable capacidad para gestionar la tensión, el misterio y la adicción de sus lectores. Tal vez el desenlace no esté a la altura del desarrollo… y quizás el autor plantea paralelismos que por evidentes sonrojan al más pintado. Pero ninguna de estas circunstancias obstaculiza el disfrute de una serie de 8 tomos convertidos en una preciosa reivindicación de la mitología “tezukiana”, enriquecida por el genio de Urasawa. Como consuelo frente a su conclusión, siempre nos queda pensar que durante el año que está a punto de comenzar podremos disfrutar de su nueva obra: Billy Bat. [Entrevista a Naoki Urasawa (5 vídeos)].

Un saludo, hasta pronto (eso espero) y feliz año nuevo!

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