Lo mejor del 2010: Una selección personal

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Publicado originalmente en Zona Negativa.

Como sucede cada año cuando el calendario marca estas fechas, comienzan a proliferar toda suerte de listados destinados a recapitular, analizar y repasar los acontecimientos ineludibles, desarrollados en los más variados ámbitos durante los últimos doce meses. Interminables enumeraciones que en ocasiones tratan de establecer un orden jerárquico con la calidad o relevancia como criterios prioritarios, mientras que en otras tan solo aspiran a contener pequeñas reflexiones redactadas a vuelapluma que, con un poco de suerte y ciertas dosis de complicidad, tal vez deriven en un entretenido intercambio de opiniones.

Con este ánimo, en Zona Negativa afrontamos la última semana de 2010 publicando alguna que otra entrada reflejo de los gustos y pareceres de diferentes redactores. Y si Juan Peña abrió la veda, y Diego Matos tomó el testigo, quien escribe estas líneas a punto está de continuar esta semana temática con su particular lista.

Un buen montón de tebeazos publicados durante 2011

Vaya por delante la ya habitual aclaración: pese al título que encabeza este texto, no tengo la vocación, las ganas, ni el atrevimiento de categorizar una docena de tebeos como “los mejores” del año que a punto está de finalizar, sino comentar brevemente aquellos tebeos con cuya lectura más he disfrutado durante los últimos doce meses. Por razones muy variadas y siempre condicionado por infinidad de factores subjetivos, que van desde la predilección por autores, géneros o estéticas concretas, hasta el estado anímico o las circunstancias con las que se aborda una lectura. Sea como fuere, doce tebeos que me atrevería a recomendar con efusividad, cuyo comentario trato de acompañar con enlaces a reseñas, entrevistas y páginas web o blogs de sus autores. Sin más dilación, entremos en materia…

Una selección personal


Batman and Robin, de Grant Morrison y Frank Quitely; serie regular mensual (grapa) de 48 págs.; Planeta DeAgostini Cómics (mayo de 2010 / enero de 2011); 3,50 €.

Comenzamos haciendo referencia a la nueva serie regular creada por Grant Morrison, inaugurada junto a un viejo conocido tan sobrado de talento como Frank Quitely. Aunque la colaboración tan solo se prolongó durante las tres entregas que integran el primer arco argumental, la “conexión escocesa” sirvió como perfecto preámbulo de una colección concebida como extensión natural de la etapa de Morrison al frente del universo ficcional del Caballero Oscuro; una continuación directa de lo acontecido en Batman R.I.P. y Crisis Final que, leída de forma paralela a El regreso de Bruce Wayne –algo desgraciadamente imposible en la edición de Planeta DeAgostini Cómics–, se confirma como pieza de vital importancia dentro del gigantesco puzle tramado por el veterano guionista. Partiendo de un enfoque pop en el que viejos conocidos pululan junto a una interminable galería de nuevos personajes –impagables freaks, en ocasiones limitados a una presencia testimonial– este recomendable divertimento consagra a la dupla formada por Dick Grayson y Damian Wayne como inmejorables Batman y Robin, merced a una interacción fundamentada en la acertadísima caracterización de ambos personajes.

Independientemente del disfrute adicional que proporciona un conocimiento profundo de la continuidad del Hombre Murciélago, y pese a cierta irregularidad en el apartado gráfico –propiciada por Philip Tan y subsanada por unos Cameron Stewart y Frazer Irving que rayan a gran nivel–, merece la pena darle una oportunidad a esta obra, que parte de un presupuesto delirante: “¿Y si David Lynch hubiera dirigido el show televisivo de los años sesenta?”. [Entrevistas a Grant Morrison, publicadas en iO9, CBR e IGN].

Planetary vol. 2, de Warren Ellis y John Cassaday; tomo recopilatorio de 368 págs. encuadernado en cartoné; Norma Editorial (diciembre de 2010); 26,00 €.

Proseguimos con el esperadísimo segundo volumen de Planetary, que tras su interminable periplo editorial, pone un broche de oro a la colección creada por Ellis y Cassaday. Diferente, original, atrevida y redonda, esta serie presenta una estructura de números unitarios, autoconclusivos y perfectamente comprensibles de forma individualizada, que analizados en su conjunto no solo dan forma a una trama apasionante, sino que también se convierten en un precioso y preciso estudio de las raíces del género superheroico. Toneladas de talento, las que sacan a relucir unos autores que adaptan su prosa y su trazo a los más variados géneros y estilos, desarrollados en base a las aventuras vividas por los inolvidables arqueólogos de lo imposible -catalogadores de las maravillas y misterios de nuestro mundo- que responden a los nombres de Elijah Snow, Jakita Wagner y The Drummer.

Un cómic irrepetible que, siendo comedidos, podríamos considerar que acumula méritos suficientes para figurar entre los mejores títulos publicados durante esta década; y dejándonos llevar por el entusiasmo –personalmente, invito a ello–, bien podríamos encuadrar dentro de la selecta y difusa categoría de las “obra maestras”. [Análisis global de Planetary, publicado en Zona Negativa].

X-Factor, de Peter David y VV.AA.; serie regular mensual (grapa) de 24/48 págs.; Panini Cómics; 1,95 / 3,25 €.

Como única serie regular mensual y en formato grapa –en peligro de extinción, aparentemente–, toca hacer referencia a X-Factor. Un pequeño oasis dentro del Universo Marvel en general, y la franquicia mutante en particular que, ajeno a tendencias predominantes, saca a relucir lo mejor del género superheroico con una frecuencia pasmosa. Pese a sus discretas ventas, parece que los responsables editoriales de “La Casa de las Ideas” están decididos a apoyar la inusual propuesta de Peter David, cuyo característico sentido humor resulta todo un soplo de aire fresco en los tiempos que corren, en que macroeventos, muertes y resurrecciones promovidas por las dos grandes editoriales pretenden convertirse en demostración de una carga dramática que en no pocas ocasiones parece forzada o impostada, cuando no hueca, vacía, y anticlimática, por repetitiva.

En este contexto, David y los diferentes colaboradores que le han acompañado –el gráfico es el apartado más flojo, a excepción de los primeros números, obra de Ryan Sook– se afanan en narrar las vivencias de Jamie Madrox y la peculiar agencia de investigación que lidera, partiendo de la clara y encomiable vocación de divertir y sorprender… ¡y vaya si lo consiguen! Con permiso de Astonishing X-Men, la mejor serie mutante de los ¿10, 15… 20? últimos años. [Entrevista a Peter David, publicada en Newsarama].

AIDP, de Mike Mignola, John Arcudi y Guy Davis; tomos recopilatorios de 152 págs. encuadernados en rústica; Norma Editorial (julio y noviembre de 2010); 15,00 € c/u.

Difícil papeleta, a la que se enfrentó Mike Mignola cuando decidió expandir la franquicia Hellboy… ¿Conseguiría una nueva colección mantener el tipo frente a la “serie madre”? ¿a quién encomendar tal tarea? Aunque desde un primer momento todos los indicios apuntaban a que la estrategia de Mignola era a todas luces acertada, no cuesta demasiado imaginar al popular historietista soltar un suspiro de alivio (y admiración) al comprobar la excelente sintonía existente entre John Arcudi y Guy Davis, artífices junto al “padre de la criatura” de uno de los mejores cómics publicados en la actualidad… así, sin matices ni distinciones genéricas ni de cualquier otra índole.

Guiones excelentes, una caracterizaciones modélica, y una interacción de personajes para el recuerdo, plasmadas en forma de viñetas y bocadillos gracias a Davis, quien esperemos que algún día vea reconocido en su justa medida un talento fuera de toda duda, no solo limitado al diseño de monstruosidades que bien podrían salir de la peor de las pesadillas imaginables, sino también por una consistencia narrativa fuera de toda duda. Pese al desesperante goteo en que se ha convertido su publicación en España –todavía restan cuatro tomos recopilatorios inéditos-, durante 2010 pudimos disfrutar con dos entregas de esta serie: 1946 y La advertencia, nuevas muestras del atractivo de la Agencia de Investigación y Defensa Paranormal. Una colección imprescindible. [Entrevista a Guy Davis, publicada en Comic Monsters].

Los muertos vivientes, de Robert Kirkman y Charlie Adlard; tomos de 136 págs. encuadernados en rústica; Planeta DeAgostini Cómics (febrero, mayo, agosto y noviembre de 2010); 7,50 €.

Si en años anteriores recomendamos efusivamente esta colección, ¿cómo no hacerlo, precisamente cuando ha trascendido a un público masivo? Todo ello gracias a la meritoria adaptación televisiva capitaneada por un voluntarioso Frank Darabont que, aunque diligente e incluso inspirado en su tarea, no ha alcanzado los niveles de excelencia de Robert Kirkman y Charlie Adlard. Afortunadamente, es de suponer que el inevitable proceso de retroalimentación habrá repercutido en las ventas de la colección, de forma que probablemente posibilitará que nuevos lectores se acerquen a este relato de supervivencia extrema, esta odisea que, con Rick Grimes como principal protagonista, explora la decadencia de la raza humana, que en las situaciones más comprometidas saca a relucir su peor faceta.

Pese a una repetición de estructuras argumentales que invita a cuestionarse por qué derroteros planea llevar la serie el guionista de Kentucky, lo cierto es que los últimos tomos publicados –Teme a los cazadores y Vivir entre ellos– presentan un interesante cambio de tercio, representativo del modo en que los acontecimientos han hecho mella en los protagonistas. Un tebeo tan recomendable como devastador, no apto para estómagos sensibles.. [Entrevista a Robert Kirkman, publicada en UGO.com y reseñas publicadas en Zona Negativa].

100%, de Paul Pope; tomo recopilatorio de 256 págs. encuadernado en cartoné; Planeta DeAgostini Cómics; 20,00 €.

Aunque con una frecuencia y en una cantidad menor de la deseada por muchos lectores, parece innegable que la obra de Paul Pope se va abriendo camino en España. Tras Heavy Liquid, Batman: Año 100, Solo #3 y diferentes piezas publicadas en cabeceras protagonizadas por personajes tan míticos como Spiderman, Los 4 Fantásticos, o el Hombre Murciélago, durante 2010 tuvimos la oportunidad de disfrutar con su aportación a la antología Relatos Extraños. Pero por encima de todo, se nos presentó la ocasión de paladear cada página de 100%, segundo proyecto realizado para el sello Vertigo, que hunde sus raíces en Smoke Navigator, obra inédita fruto de su colaboración con la editorial nipona Kodansha.

Reincidiendo en la Nueva York hipotética que ya atisbamos en Heavy Liquid, Pope plantea un relato de ciencia ficción en el que todo el peso dramático recae sobre las relaciones que mantienen seis personajes, de algún modo vinculados al popular club Catshack. Lejos de lo anecdótico, el hecho de situar la obra en el año 2038 es aprovechado por el autor natural de Pennsylvania para idear un contexto cultural, político y tecnológico tan curioso como sorprendentemente plausible. Pero por encima de todo, la historia construida –perfectamente estructurada, fluida y con un final perfecto– se consolida como una de sus obras más redondas y consistentes. A la espera de un 2011 que llegará cargado de nuevos y esperados proyectos, conviene rescatar del olvido este precioso tríptico romántico, en el que los guiones de Pope están a la altura de su genial trazo. [Entrevista a Paul Pope y artículo de 100% publicado en Zona Negativa].

Scalped, de Jason Aaron, R.M. Guéra y vv.aa.; tomos recopilatorios de 144 y 168 págs. encuadernados en rústica; Paneta DeAgostini Cómics (marzo y agosto de 2010); 14,95 € c/u.

Sensaciones encontradas, ante cada nuevo tomo de esta colección: alivio, por saciar una espera que se hace eterna, y temor, por el incierto futuro que aventuran sus discretísimas cifras de ventas (al menos al otro lado del Atlántico). Sea como fuere, e independientemente del tiempo que se prolongue la interesantísima y adictiva serie de Aaron y Guéra, cada número debería ser celebrado por los amantes del género negro, habida cuenta de la calidad contenida en cada página de esta propuesta áspera, violenta y desesperanzadora, tan deudora de los convencionalismos del género, como eficaz, contundente y lúcida en la disposición de dichos elementos.

Si este año pudimos disfrutar con dos entregas de ScalpedRoído y Triste y solo–, a punto estamos de recibir el inminente 2011 acompañados de un ejemplar de El blues de la reserva; un nuevo arco argumental que nos permitirá conocer el devenir de las desventuras de Dashiell Caballo Terco, joven agente del FBI infiltrado en la reserva liderada por Lincoln Cuervo Rojo, presidente del consejo de jefes tribales y amo y dominador del crimen organizado de la zona. Un tebeo imprescindible. [Entrevista a R.M. Guéra, publicada en Zona Negativa].

Daytripper, de Gabriel Bá y Fábio Moon; tomo recopilatorio de 248 págs. encuadernado en cartoné; Planeta DeAgostini Cómics (diciembre de 2010); 25,00 €.

Ante el negrísimo panorama que asola al sello Vertigo de DC Comics, cuyo futuro parece más incierto que nunca, resulta reconfortante que el rincón del cómic mainstream que alumbró el nacimiento de tantas estrellas haya propiciado la materialización de una de las grandes sorpresas del pasado año. Serializada en diez entregas, y recopilada en su edición española con una rapidez inusual, Daytripper representa la consolidación de Gabriel Bá y Fábio Moon, historietistas brasileños –hermanos, y gemelos, para más señas– que durante la última década han sabido construir una carrera en la que alternar proyectos personales y comerciales… hasta llegar a esta ambiciosa obra, que aúna los rasgos temáticos y emocionales tan característicos de su bibliografía con el respaldo promocional de una gran editorial.

Sin ánimo de desvelar demasiados detalles argumentales que bien podrían arruinar la experiencia de lectura, cabe señalar que Daytripper se centra en la figura de Brás de Oliva Domingos, hijo de un famoso novelista que pese a su empeño, parece incapaz de seguir los pasos de su progenitor. En su lugar, se encarga de redactar los obituarios de un diario, mientras permanece instalado en una suerte de bloqueo existencial, apático y melancólico. A partir del sorpresivo giro argumental que depara el desenlace de la primera entrega, se abre todo un abanico de posibilidades, retales de existencia(s), reflejo de escenas vitales demostrativas de la importancia de los pequeños detalles. Un guión muy especial –escrito a cuatro manos por los autores–, cuya carga dramática se traduce en forma de viñetas gracias al trazo sensible e inspirado de Moon. Muy recomendable. [Entrevista a Fábio Moon y Gabriel Bá, publicada en Zona Negativa].

El invierno del dibujante, de Paco Roca; tomo de 128 págs. encuadernado en cartoné; Astiberri ediciones (noviembre de 2010); 16,00 €.

Con el realismo mágico de la fenomenal Las Calles de Arena muy reciente, y precedida por la irregular El Ángel de la retirada –una obra menor, en comparación con la bibliografía reciente de este autor–, Paco Roca ha propiciado uno de esos extraños casos en que parece imperar la unanimidad… relativa no solo a la opinión generalizada de que éste es el mejor trabajo de su carrera, sino también a la convicción de estar ante uno de los mejores títulos de la historieta nacional reciente. Y precisamente lo ha conseguido gracias a un tebeo que nos retrotrae a una época en la que pioneros de la talla de Cifré, Conti, Escobar, Peñarroya y Giner comenzaban a luchar por sus derechos, relativos tanto al aspecto económico, como a la libertad creativa ansiada, que cristalizaría en la fundación de la revista Tío Vivo.

En un esfuerzo de documentación ímprobo, Roca retrata con esmero la Barcelona de la década de los cincuenta y el micromundo cuyo epicentro radicaba en las oficinas de la Editorial Bruguera, para ofrecernos una visión de este momento clave del medio, destacando de forma muy especial la secuenciación de determinadas conversaciones –en las que fondos fijos no restan ni un ápice de interés ni ritmo a la escena–, y la utilización del color con fines narrativos, en base al curioso recurso de teñir el fondo de página de determinados colores, en función de criterios cronológicos e incluso emocionales. Una auténtica delicia de “tebeo”… aunque tal denominación levantara ampollas en las oficinas de Bruguera. [Entrevista a Paco Roca, publicada en Zona Negativa].

Castillo de arena, de Frederik Peeters; tomo de 184 págs. encuadernado en rústica con solapas; Astiberri Ediciones (junio de 2009); 19,00 €.

A estas alturas, lo de Peeters parece un empeño personal en “malcriar” a sus lectores a través de una sucesión de obras que mantienen un nivel de calidad sencillamente apabullante. Tras la recopilación de historias cortas Dándole vueltas –testimonio de su evolución y variedad de registros– y la excelente y armoniosa muestra de surrealismo titulada Paquidermo –enésima demostración de una interesantísima habilidad “deformadora de la realidad”–, surge este proyecto, fruto de la colaboración con el cineasta y documentalista Pierre Oscar Lévy.

Juntos, idean una trama centrada en la llegada de hasta trece individuos a una pequeña playa ubicada en las afueras de una localidad indeterminada. Pero lo que inicialmente estaba destinado a convertirse en un tranquilo día de asueto no tarda en verse alterado por el hallazgo del cadáver de una joven desnuda, flotando en el agua. A raíz de dicho acontecimiento, comienzan a desvelarse una serie de inexplicables peculiaridades que impregnan de misterio una cala en la que el elenco de personajes pasarán el día más largo de sus vidas. Tensión dramática, crítica social, pinceladas de ciencia ficción y buenas dosis de misterio, en una obra que Peeters aprovecha una vez más para sacar a relucir el genio de su trazo, fluido, orgánico, y puesto al servicio de unas peculiaridades argumentales que permiten subrayar su innato talento. Suma y sigue, el suizo; y sus fans, encantados, ansiosos por hincarle el diente a su inminente regreso a la ciencia ficción… [Entrevista a Frederik Peeters, y reseña de Castillo de arena publicada en Zona Negativa].

Kitaro vol. 1, de Shigeru Mizuki; tomo recopilatorio de 224 págs. encuadernado en rústica con solapas; Astiberri Ediciones (octubre de 2010); 18,00 €.

Si tuviera que rescatar un acontecimiento acaecido durante 2010 relativo a publicaciones comiqueras, muy probablemente destacaría la ansiada recuperación de tres obras de seminal importancia en la bibliografía de ese coloso del manga que responde al nombre de Shigeru Mizuki. Tras el lanzamiento de Hitler: La novela gráfica por parte de Glénat (2009), Astiberri puso a nuestro alcance dos títulos de la talla de NonNonBa y Operación Muerte, coronadas durante el pasado mes de octubre con el manga al que este inconmensurable autor debe buena parte de su fama: Kitaro.

Lejos de representar una molestia, lo cierto es que el orden en el que se han publicado estas obras ha contribuido a contextualizar las filias temáticas de Mizuki, aludiendo a los acontecimientos que precedieron al inicio de su carrera como mangaka, y al origen de su fascinación por los yôkai, entidades características del folclore japonés que protagonizan la obra a la que hacemos referencia en este epígrafe. Acompañado por su padre –o del ojo de su padre, que en un alarde de supervivencia se convirtió en la cabeza de un diminuto cuerpo–, Kitaro “el del cementerio” vivirá una deliciosa sucesión de aventuras, cada cual más extraña, divertida y surrealista, hasta dar forma a una obra que, esperemos coseche el éxito suficiente para garantizar su continuidad. Imprescindible y, en mi opinión, el tebeo de 2010. [Entrevista a Shigeru Mizuki, publicada en The Japan Times Online].

Pluto, de Naoki Urasawa; Tomos recopilatorios de 192 ó 208 págs. encuadernados en rústica; Planeta DeAgostini Cómics (mayo, julio, septiembre y noviembre de 2009); 7,95 € c/u.

Nada malo podía salir de un homenaje de Naoki Urasawa a la obra de Osamu Tezuka. Precisamente el año en que el “Dios del manga” fechó el nacimiento en la ficción de su popular Astroboy (2003), se gestó un homenaje realmente ambicioso: contando con la ayuda de Takashi Nagasaki y la supervisión de Macoto Tezka (hijo de Osamu), Urasawa se propuso crear un manga basado en la historia de Astroboy titulada El mejor robot de la Tierra. Así, se nos presenta una trama centrada en Gesicht, detective de la Europol absorto en la resolución de una serie de asesinatos relacionados con robots. Lo más desconcertante del asunto es que el responsable parece ser un androide… circunstancia teóricamente imposible, debido a la programación de los ingenios mecánicos.

Adentrándose en el universo de ficción de Tezuka, y con la inspiración de Phillip K. Dick o Isaac Asimov, Urasawa firma un thriller marca de la casa, en el que, como ya hiciera en Monster o 20th Century Boys,vuelve a sacar a relucir su inigualable capacidad para gestionar la tensión, el misterio y la adicción de sus lectores. Tal vez el desenlace no esté a la altura del desarrollo… y quizás el autor plantea paralelismos que por evidentes sonrojan al más pintado. Pero ninguna de estas circunstancias obstaculiza el disfrute de una serie de 8 tomos convertidos en una preciosa reivindicación de la mitología “tezukiana”, enriquecida por el genio de Urasawa. Como consuelo frente a su conclusión, siempre nos queda pensar que durante el año que está a punto de comenzar podremos disfrutar de su nueva obra: Billy Bat. [Entrevista a Naoki Urasawa (5 vídeos)].

Un saludo, hasta pronto (eso espero) y feliz año nuevo!

El Asco

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Edición original: Vertigo.
Edición España: Planeta
DeAgostini Cómics.
Guión: Grant Morrison.
Dibujo: Chris Weston.
Entintado: Gary Erskine.
Formato: Recopilatorio,
200 págs., cartoné.
Precio: 20,00 €.

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No me dejes nunca

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Edición original: Hemingway; Editions de Tournon-Carabas (2005).
Edición española: enero de 2008; Astiberri Ediciones.
Guión, dibujo y entintado: Jason.
Color: Hubert.
Formato: Libro encuadernado en rústica de 48 págs.
Precio: 12,00 €.

Bendita variedad, donde reside el gusto. Afortunadamente, hace bastante tiempo que vengo protagonizando una apertura de miras que ha derivado en la lectura de tebeos a los que antaño no me acercaría ni de refilón. Afortunadamente, digo, puesto que algunos de los más gratifacantes y recientes ratos de ocio derivan precisamente de propuestas que estilítica y temáticamente distan mucho de aquellas que propiciaron mis primeros acercamientos al “Noveno Arte”.

Espero que no se entiendan estas líneas como un intento de “renegar” de mis raíces tebeísticas. Nada más lejos de la realidad: vengo de disfrutar enormemente la relectura de Sinestro Corps Wars, epopeya cósmica orquestada por el siempre recomedable Geoff Johns, tengo muy recientes las gratas impresiones que me produjo el primer arco argumental de Mark Millar y Bryan Hitch al frente de Los 4 Fantásticos, y me dispongo a afrontar con entusiasmo una nueva lectura de la etapa de Ed Brubaker al frente de Batman, mi personaje fetiche. Pero no es menos cierto que de un tiempo a esta parte la necesidad de alternar lecturas “pijameras” con otras completamente diferentes, tanto en fondo como en forma, era más que acuciante. En este sentido, las recomendaciones de Toni, Fer, o Santi me han puesto sobre la pista de autores que ya forman parte de mi selecta lista de preferidos, como Frederik Peeters, Craig Thompson, Alex Robinson, Lewis Trondheim o John Arne Sæterøy, más conocido como Jason.

Precisamente hoy me dispongo a comentar una obra realizada en el año 2005 por Jason, titulada originalmente Heminghway y traducida en España con dudoso buen gusto como No me dejes nunca –la elección del título tiene su razón de ser, pero en este caso no comprendo que no se haya respetado el original–.

Siendo la mezcla y confusión de géneros uno de los rasgos distintivos del estilo del autor noruego, el lector podrá comprender la extraña premisa de este tebeo: en el París de los años 20, un variopinto grupo de conocidos profesionales de la historieta comparten penurias. Ernest Hemingway, Ezra Pound y Francis Scott Fitzgerald ponen de manifiesto sus dudas existenciales y creativas, planteándose la posibilidad de llevar a cabo un atraco para alcanzar una situación económica más desahogada.

Efectivamente, Jason convierte a estas figuras de la literatura y la poesía en dibujantes, para así reflexionar sobre las dificultades y peculiaridades inherentes a su solitaria y sacrificada profesión. Pero no contento con ello, embarca a estos personajes en su particular tributo al género negro, y en particular, al subgénero de atracos, desarrollado a través de incontables obras de ficción. Y lo hace sacando a relucir el peculiar sentido del humor y la melancolía de la que hace gala en buena parte de su bibliografía –Espera, Yo maté a Adolf Hitler, El último mosquetero, ¿Por qué haces esto? o la reciente En pocas palabras–, también caracterizada por el hecho de que sus protagonistas presenten la apariencia de animales antropomórficos de rostros constantemente impertérritos. Precisamente la aparente neutralidad, la inexpresividad, el hieratismo de los protagonistas contrasta enormemente con la facilidad de Jason para transmitir sentimientos y sensaciones desarrollados en base a puntos de partida y situaciones reconocibles como lugares comunes de la ficción. Lugares que por la inserción de elementos y situaciones extrañas, pasan a formar parte de un universo muy particular, trufado de una surrealista comicidad y eterna melancolía.

Estilísticamente, en esta obra podemos continuar apreciando la aparente sencillez del trazo de Jason, lineal, casi esquemático, al que los colores de Hubert le sientan de maravilla. Rasgos acentuados y llevados al extremo por una composición de página invariable –3 viñetas de ancho por 3 de alto– y una narración que, pese a un desenlace que presenta alternancia de los puntos de vista de diferentes personajes, resulta en todo momento clara y fluida.

Un tebeo extraño, altamente recomendable y muy representativo del estilo de un autor del que pronto comentaré buena parte de su interesante bibliografía…

Un saludo y hasta pronto! (eso espero)

Proceso creativo: Cameron Stewart

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Aquellos que estamos interesados en conocer al detalle el proceso creativo oculto tras las páginas de los tebeos tenemos una razón más para congratularnos por la continua expansión de la red de redes, y de la creación de ese impagable cajón de sastre llamado Youtube. A las cada vez más frecuentes entrevistas publicadas en medios especializados, hay que sumar la iniciativa de algunos autores que se animan a grabar vídeos explicativos del desarrollo de las diferentes fases de realización de un cómic, posteriormente publicados en la popular página web que durante el último lustro ha revolucionado Internet.

Uno de esos autores es Cameron Stewart, historietista natural de Toronto (Ontario, Canadá) al que muchos lectores comenzamos a conocer como sucesor de Darwyn Cooke o Brad Rader en el relanzamiento de Catwoman, orquestado por Ed Brubaker. Su inconfundible estilo, de reminiscencias cartoon, cautivó al guionista escocés Grant Morrison, hasta el punto de convertirse en uno de sus colaboradores habituales. Así lo acreditan tebeos como Los siete soldados de la victoria: Manhattan Guardian, la bizarra Seaguy o un reciente arco argumental de Batman and Robin, divertidísima y popera vuelta de tuerca del mito del Hombre Murciélago, cuya edición española ha comenzado a publicarse esta misma semana. Una apretada agenda en la que también han tenido cabida El otro bando, miniserie guionizada por Jason Aaron para Vertigo, o proyectos más personales como The Apocalipstix o Sin Titulo, serie on line por la que ha sido galardonado a los Premios Eisner 2010 en la categoría de Mejor Cómic Digital.

Afortunadamente, entre tanto encargo Stewart logra sacar tiempo para grabar vídeos como el que recupero a cotinuación, en el que a través de comentarios insertados en las imágenes, explica la fases de dibujo y entintado por las que pasa cada una de las páginas que dibuja. Comentar que en este enlace encontraréis una nueva muestra de este proceso, estando ambos vídeos centrados en el entintado del arco argumental Blackest Knight de la colección Batman and Robin que, si no me fallan las cuentas, se publicará en su edición española durante el mes de septiembre del presente año.

De los comentarios del vídeo, se desprende que Stewart dibuja en soporte digital, empleando el programa informático Manga Studio. A continuación, imprime el resultado en tonalidades de azul claro en páginas sobre las que posteriormente realiza el entintado. Pero para conocer un poco más el paso a paso de este proceso, así como los materiales empleados, conviene echar un vistazo a esta entrada del blog personal del dibujante canadiense, siendo especialmente revelador el fragmento que sigue a continuación, traducido con cierta libertad:

Utilizo una tableta gráfica Wacom Cintiq y Photoshop para hacer los bocetos. Ésto me permite usar múltiples capas digitales para refinar el dibujo en lugar de malgastar papel. Una vez que el dibujo digital está completo, lo imprimo y empleo una caja de luz para preparar una versión final entintada. Todavía prefiero entintar con rotulador sobre papel en lugar de 100% digital, ya que tengo un mayor control sobre el rotulador y disfruto teniendo físicamente el material gráfico, que puedo conservar o vender. Entinto con Faber-Castell Pitt Brush (N. del T: aunque ésta es la denominación empleada por el autor, atendiendo a las imánges del vídeo juraría que se trata de un Faber-Castell Pitt artist pen B; el “brush” alude a la apariencia de pincel de la punta del rotulador, y a que la marca fabricante identifica así este tipo de artículos) y Staedtler Pigment Liner en papel Bond blanco. Casi nunca utilizo lápiz, ya que me gusta mantener los dibujos lo más limpios posibles.

Para dar por terminada la presente entrada, cabe añadir una nueva ración de enlaces que, en esta ocasión, dirigen a diferentes entrevistas concedidas por Cameron Stewart en las que además de comentar el proyecto de turno, explica las peculiaridades de sus colaboraciones con Grant Morrison: Comic Vine, Comic Book Daily, Comic Book Resources e IGN, en su versión británica.

Un saludo y hasta pronto! (eso espero)

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¡¡Ya iba siendo hora!! Pero me estoy adelantando… Empecemos por el principio.Me encuentro con David en el messenger un viernes por la noche… El pobre está haciendo los retoques de última hora a su post del día siguiente en Zona Negativa y yo he entrado a mirar el correo…

Mantenemos una charla durante un rato sobre temas intranscendentes (lo siento, os pongáis como os pongáis la tercera película de los X-Men es mala, muy mala, pero ese no es el tema…). Si os digo que debido a las fechas nos encontramos en un momento dado comparando los gastos de compras Saloneras tampoco os extrañará…

Sí, fue en el fin de semana del Salón, ya sabéis, esas fechas en las que los buenos aficionados nos quedamos en casa relamiéndonos de nuestras compras porque, entre otras cosas, nos hemos quedado sin pasta para hacer nada más…

Durante la charla David me ofrece formar parte de esa excelsa tradición de su blog que es la “Firma Invitada”, pienso para mí (y, por supuesto, no lo digo en voz alta) “ya era hora, coñe”…

Entonces, alegre porque se le haya ocurrido invitarme, se me ocurre otra cosa “¿y de qué narices hablo yo ahora?. Hábilmente, intento sonsacar a David, el muy maldito me responde diciéndome que el tema y la extensión son libres… “Mierda”, pienso. Sin pistas, sin límites… Uso la cabeza, pienso un poco: “¿sobre qué no he leído nada o poco en el blog de David?” La respuesta llega al poco tiempo… “sobre manga”.¡¡Ahí está mi tema!! Voy a aprovechar para hablar de manga en el blog de David… Pero no soy un experto, así que tengo que investigar un poco…

Primero acudo al diccionario de la R.A.E., encuentro lo siguiente:

manga 1. 

(Del lat. manĭca).

1. f. Parte del vestido en que se mete el brazo.

2. f. Tubo largo, de cuero, caucho o lona, que se adapta principalmente a las bombas o bocas de riego, para aspirar o para dirigir el agua.

3. f. En algunos balandranes, pedazo de tela que cuelga desde cada hombro casi hasta los pies.

4. f. Parte del eje de un carruaje, donde entra y voltea la rueda.

5. f. Especie de maleta de mano abierta por los extremos, que se cierran con cordones.

Y tropecientas definiciones más que no vienen al caso… Por aquí no vamos a llegar a ningún lado. ¿Qué puedo hacer? La respuesta llegó un rato después, si la R.A.E. no es capaz de ayudarme, seguro que la Wikipedia podrá…

Busco “manga” en la Wikipedia y me encuentro lo que sigue:

Manga es la palabra japonesa para designar a la historieta. Se traduce, literalmente, como "dibujos caprichosos" o "garabatos"; fuera del Japón, se la utiliza exclusivamente para referirse a la historieta japonesa.

Eyyyy, por aquí sí puede haber tema… En ese momento me doy cuenta de una cosa, ¿a santo de qué voy a hablar yo de manga? ¡¡Pero si a veces confundo el shonen con el shojo!! (Vale, yo tampoco sé de lo qué estoy hablando, pero parece ser que es un error muy gordo… Pero… ¡¡si casi se escriben igual!!).

La madre de… ¡¡con todo lo que llevo escrito y no sirve para nada!! ¿Qué hago yo ahora? Uhmm, ¿y si utilizo otro de los temas de los que hemos hablado? Es curioso, pero esto de ser aficionados a los cómics tiene un mal a los que pocos pueden escapar… ¡La obsesión por coleccionar!Noooo, no me estoy refiriendo a la saga aquella demencial de Bob Harras en Los Vengadores que mezclaba a los Eternos con una raza de parásitos extraterrestres… Aunque podría hacerlo, claro. Pero, a lo que me estoy refiriendo es, si alguien sigue leyendo a estas alturas del post, a la obsesión esa que tenemos los lectores de cómics por una colección determinada que nos impide dejarla a pesar de lo malo que puedan ser determinadas etapas…

Mi obsesión personal es la colección de Los 4 Fantásticos, exceptuando un breve período de tiempo que estuvo en posesión de mi primo, siempre he seguido esta serie… (para que no haya dudas, decir que fueron unos españoles quienes me hicieron dejar de coleccionar la serie…)

Y mira que ha tenido etapas malas… Así, sin pensarlo mucho, podría citar unas cuantas… pero no lo voy a hacer, recuerdo haber dicho hace algún tiempo que a mí la etapa de Simonson no me había parecido nada del otro jueves y… bueno, son recuerdos muy tristes y desagradables, prefiero no hablar de ello (aunque claro, si hablas mal de Simonson a un fan de Thor, ya sabes lo que te espera).

El problema principal de Los 4 Fantásticos es que, cada X tiempo llega alguien que cree que va a poder hacerlo mejor que todos los anteriores y no tiene nada mejor que hacer que ponerse a realizar remakes sobre las historias que ya se han contado antes…

ff john byrne.jpgSí, primero lo hizo Byrne, y fue ¿gracias? a Byrne por lo que me enganché a los 4F… sí, sería un remake de lo que ya habían realizado Stan Lee y Jack Kirby, pero coñe, ¡¡era un remake en condiciones!! Las situaciones suenan a ya conocidas, pero su gran acierto es que las actualiza… los personajes evolucionan, ¡¡les pasan cosas!!. Qué increíble tratamiento a la Mujer Invisible, qué maravilla la manera de llevar el enamoramiento de Johnny y Alicia (para mí era Alicia, que luego se sacasen a una skrull de la manga… en fin…), qué maravilla el cambio de La Cosa por Hulka y la manera de tratar su sustitución…

Vamos, que los 4F le deben mi afición a Byrne y sólo a Byrne… porque después… ¡qué manera de degenerar la cosa (no, Ben Grimm, no)! Que si ahora vuelve La Cosa y ya no somos 4… que si en realidad La Cosa no volvía porque sólo estaba de paso… que si ahora sí que vuelve La Cosa pero los que se van son Reed y Sue… que si ahora tenemos un grupo rarísimo con una inhumana y una mujer maltratada… que si ahora tenemos dos Cosa(s)… que si…

Y así hasta una innumerable sucesión de acontecimientos variados (eso no se puede negar) pero que llegan a su punto álgido cuando nos enseñan esto…ff paul ryan.jpg

¡¡Los Cuatro Fantásticos con chupas de cuero, pistolones y mujeres con poca ropa!!

¡¡Ni con esas consiguieron echarme de la serie!! Es más, recuerdo con cierto cariño esa etapa de los 4F… que sí, que lo digo en serio, era una época en la que cualquier cosa podía pasar (estaba seguro de que no iba a durar para siempre, claro), pero, de buenas a primeras, podía pasar cualquier cosa…

Debo reconocer que tanto la mala (supuestamente, que yo no estoy de acuerdo con ello) etapa de Los 4 Fantásticos como la de Los Vengadores provocaron algo como los Heroes Reborn

ff jim lee.jpg¿Y qué era Heroes Reborn? La segunda gran recreación de los 4F después de la de Byrne… ¿cuál fue su mayor problema? Para mí, opinión personal e intransferible, la lentitud, tardaban seis números en contarte lo que Lee y Kirby contaban en, como mucho, uno… Y claro, así no hay Dios que lo resista… Y tuvieron que volver al redil.

Inicialmente no tenía mala pinta esa vuelta al redil, Lobdell (Dios nos coja confesados) y Alan Davis… Vale, no tenía mala pinta el dibujo, porque el guión… Tres números después para ¿arreglar? dicho desaguisado, le dan la patada a Lobdell y ¿contratan a Claremont?. Por desgracia Alan Davis también se marcha y le entregan los pinceles a Salvador Larroca… El mayor problema de esta nueva etapa es que los 4F pasaron a convertirse en una sucursal X (no, porno no, eso ya sucedió con DeFalco y Ryan), si no que era la colección número X que trataba temas que tendrían que haber aparecido en una colección de mutantes… concretamente, en Excalibur… Y claro… después de chopocientos números a alguien se le ocurrió devolver a Claremont a los mutantes y llegaron unos españoles a substituirles… pero no continuó Larroca (lo cual debo decir que me pareció un grave error, al menos él sí dibujaba los cómics)…ff carlos pacheco.jpg

Como comprenderéis no voy a decir prácticamente nada sobre esta etapa… ya han dicho los propios autores muchas cosas en los cómics publicados en España…algunos dirán que son justificaciones, otros dirán que son cómics malos (y yastá)… Si os digo que yo dejé la serie en este momento… ¿adivináis en qué sector estoy yo?

En fin, todo lo malo (y lo bueno) tiene un final y después de los españoles llegaron Waid y Wieringo y la colección volvió a mi poder sin más sobresaltos…Ahora mismo estoy dudando mucho de la etapa de Stracz pero… eyyy, ya hemos pasado por esto, seguro que acaba por marcharse él también…

Resumiendo: El completismo es un mal muy extendido entre los lectores de cómics…Lo sé, lo sé, pero… ¿a que no podéis evitarlo? Ahora saldrán los cientos de lectores que sólo siguen a un autor determinado y tal a decir que no está tan extendido…

En fin, qué queréis que os diga, nunca os he considerado aficionados al cómic ;)Y así, haciendo amigos, me despido, espero que David me sepa perdonar el tocho que le he enchufado y no lamente haberme invitado a participar en su aperiódica sección “Firma Invitada”Nada más.

Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaadios

Firma Invitada: Eugenio Quintana (¿Quién me mandaría a mí?)

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Una vez más, he recibido con sorpresa y agradecimiento una nueva colaboración para la sección Firma Invitada de Aquí Huele a Azufre… En esta ocasión, contaremos con la participación de Eugenio Quintana, conocido por su ecléctico blog ¿Quién me mandaría a mí?. Os dejo con sus reflexiones comiqueras, no sin antes aprovechar la ocasión para agradecerle el haber aceptado mi invitación, y la premura con la que me ha enviado su artículo.

Un saludo y hasta pronto! (eso espero)

¡¡Ya iba siendo hora!! Pero me estoy adelantando… Empecemos por el principio.

Me encuentro con David en el messenger un viernes por la noche… El pobre está haciendo los retoques de última hora a su post del día siguiente en Zona Negativa y yo he entrado a mirar el correo…

Mantenemos una charla durante un rato sobre temas intranscendentes (lo siento, os pongáis como os pongáis la tercera película de los X-Men es mala, muy mala, pero ese no es el tema…). Si os digo que debido a las fechas nos encontramos en un momento dado comparando los gastos de compras Saloneras tampoco os extrañará…

Sí, fue en el fin de semana del Salón, ya sabéis, esas fechas en las que los buenos aficionados nos quedamos en casa relamiéndonos de nuestras compras porque, entre otras cosas, nos hemos quedado sin pasta para hacer nada más…

Durante la charla David me ofrece formar parte de esa excelsa tradición de su blog que es la “Firma Invitada”, pienso para mí (y, por supuesto, no lo digo en voz alta) “ya era hora, coñe”…

Entonces, alegre porque se le haya ocurrido invitarme, se me ocurre otra cosa “¿y de qué narices hablo yo ahora?. Hábilmente, intento sonsacar a David, el muy maldito me responde diciéndome que el tema y la extensión son libres… “Mierda”, pienso. Sin pistas, sin límites… Uso la cabeza, pienso un poco: “¿sobre qué no he leído nada o poco en el blog de David?” La respuesta llega al poco tiempo… “sobre manga”.¡¡Ahí está mi tema!! Voy a aprovechar para hablar de manga en el blog de David… Pero no soy un experto, así que tengo que investigar un poco…

Primero acudo al diccionario de la R.A.E., encuentro lo siguiente:

manga 1. 

(Del lat. manĭca).

1. f. Parte del vestido en que se mete el brazo.

2. f. Tubo largo, de cuero, caucho o lona, que se adapta principalmente a las bombas o bocas de riego, para aspirar o para dirigir el agua.

3. f. En algunos balandranes, pedazo de tela que cuelga desde cada hombro casi hasta los pies.

4. f. Parte del eje de un carruaje, donde entra y voltea la rueda.

5. f. Especie de maleta de mano abierta por los extremos, que se cierran con cordones.

Y tropecientas definiciones más que no vienen al caso… Por aquí no vamos a llegar a ningún lado. ¿Qué puedo hacer? La respuesta llegó un rato después, si la R.A.E. no es capaz de ayudarme, seguro que la Wikipedia podrá…

Busco “manga” en la Wikipedia y me encuentro lo que sigue:

Manga es la palabra japonesa para designar a la historieta. Se traduce, literalmente, como “dibujos caprichosos” o “garabatos”; fuera del Japón, se la utiliza exclusivamente para referirse a la historieta japonesa.

Eyyyy, por aquí sí puede haber tema… En ese momento me doy cuenta de una cosa, ¿a santo de qué voy a hablar yo de manga? ¡¡Pero si a veces confundo el shonen con el shojo!! (Vale, yo tampoco sé de lo qué estoy hablando, pero parece ser que es un error muy gordo… Pero… ¡¡si casi se escriben igual!!).

La madre de… ¡¡con todo lo que llevo escrito y no sirve para nada!! ¿Qué hago yo ahora? Uhmm, ¿y si utilizo otro de los temas de los que hemos hablado? Es curioso, pero esto de ser aficionados a los cómics tiene un mal a los que pocos pueden escapar… ¡La obsesión por coleccionar!Noooo, no me estoy refiriendo a la saga aquella demencial de Bob Harras en Los Vengadores que mezclaba a los Eternos con una raza de parásitos extraterrestres… Aunque podría hacerlo, claro. Pero, a lo que me estoy refiriendo es, si alguien sigue leyendo a estas alturas del post, a la obsesión esa que tenemos los lectores de cómics por una colección determinada que nos impide dejarla a pesar de lo malo que puedan ser determinadas etapas…

Mi obsesión personal es la colección de Los 4 Fantásticos, exceptuando un breve período de tiempo que estuvo en posesión de mi primo, siempre he seguido esta serie… (para que no haya dudas, decir que fueron unos españoles quienes me hicieron dejar de coleccionar la serie…)

Y mira que ha tenido etapas malas… Así, sin pensarlo mucho, podría citar unas cuantas… pero no lo voy a hacer, recuerdo haber dicho hace algún tiempo que a mí la etapa de Simonson no me había parecido nada del otro jueves y… bueno, son recuerdos muy tristes y desagradables, prefiero no hablar de ello (aunque claro, si hablas mal de Simonson a un fan de Thor, ya sabes lo que te espera).

El problema principal de Los 4 Fantásticos es que, cada X tiempo llega alguien que cree que va a poder hacerlo mejor que todos los anteriores y no tiene nada mejor que hacer que ponerse a realizar remakes sobre las historias que ya se han contado antes…

ff john byrne.jpgSí, primero lo hizo Byrne, y fue ¿gracias? a Byrne por lo que me enganché a los 4F… sí, sería un remake de lo que ya habían realizado Stan Lee y Jack Kirby, pero coñe, ¡¡era un remake en condiciones!! Las situaciones suenan a ya conocidas, pero su gran acierto es que las actualiza… los personajes evolucionan, ¡¡les pasan cosas!!. Qué increíble tratamiento a la Mujer Invisible, qué maravilla la manera de llevar el enamoramiento de Johnny y Alicia (para mí era Alicia, que luego se sacasen a una skrull de la manga… en fin…), qué maravilla el cambio de La Cosa por Hulka y la manera de tratar su sustitución…

Vamos, que los 4F le deben mi afición a Byrne y sólo a Byrne… porque después… ¡qué manera de degenerar la cosa (no, Ben Grimm, no)! Que si ahora vuelve La Cosa y ya no somos 4… que si en realidad La Cosa no volvía porque sólo estaba de paso… que si ahora sí que vuelve La Cosa pero los que se van son Reed y Sue… que si ahora tenemos un grupo rarísimo con una inhumana y una mujer maltratada… que si ahora tenemos dos Cosa(s)… que si…

Y así hasta una innumerable sucesión de acontecimientos variados (eso no se puede negar) pero que llegan a su punto álgido cuando nos enseñan esto…ff paul ryan.jpg

¡¡Los Cuatro Fantásticos con chupas de cuero, pistolones y mujeres con poca ropa!!

¡¡Ni con esas consiguieron echarme de la serie!! Es más, recuerdo con cierto cariño esa etapa de los 4F… que sí, que lo digo en serio, era una época en la que cualquier cosa podía pasar (estaba seguro de que no iba a durar para siempre, claro), pero, de buenas a primeras, podía pasar cualquier cosa…

Debo reconocer que tanto la mala (supuestamente, que yo no estoy de acuerdo con ello) etapa de Los 4 Fantásticos como la de Los Vengadores provocaron algo como los Heroes Reborn

ff jim lee.jpg¿Y qué era Heroes Reborn? La segunda gran recreación de los 4F después de la de Byrne… ¿cuál fue su mayor problema? Para mí, opinión personal e intransferible, la lentitud, tardaban seis números en contarte lo que Lee y Kirby contaban en, como mucho, uno… Y claro, así no hay Dios que lo resista… Y tuvieron que volver al redil.

Inicialmente no tenía mala pinta esa vuelta al redil, Lobdell (Dios nos coja confesados) y Alan Davis… Vale, no tenía mala pinta el dibujo, porque el guión… Tres números después para ¿arreglar? dicho desaguisado, le dan la patada a Lobdell y ¿contratan a Claremont?. Por desgracia Alan Davis también se marcha y le entregan los pinceles a Salvador Larroca… El mayor problema de esta nueva etapa es que los 4F pasaron a convertirse en una sucursal X (no, porno no, eso ya sucedió con DeFalco y Ryan), si no que era la colección número X que trataba temas que tendrían que haber aparecido en una colección de mutantes… concretamente, en Excalibur… Y claro… después de chopocientos números a alguien se le ocurrió devolver a Claremont a los mutantes y llegaron unos españoles a substituirles… pero no continuó Larroca (lo cual debo decir que me pareció un grave error, al menos él sí dibujaba los cómics)…ff carlos pacheco.jpg

Como comprenderéis no voy a decir prácticamente nada sobre esta etapa… ya han dicho los propios autores muchas cosas en los cómics publicados en España…algunos dirán que son justificaciones, otros dirán que son cómics malos (y yastá)… Si os digo que yo dejé la serie en este momento… ¿adivináis en qué sector estoy yo?

En fin, todo lo malo (y lo bueno) tiene un final y después de los españoles llegaron Waid y Wieringo y la colección volvió a mi poder sin más sobresaltos…Ahora mismo estoy dudando mucho de la etapa de Stracz pero… eyyy, ya hemos pasado por esto, seguro que acaba por marcharse él también…

Resumiendo: El completismo es un mal muy extendido entre los lectores de cómics…Lo sé, lo sé, pero… ¿a que no podéis evitarlo? Ahora saldrán los cientos de lectores que sólo siguen a un autor determinado y tal a decir que no está tan extendido…

En fin, qué queréis que os diga, nunca os he considerado aficionados al cómic ;)Y así, haciendo amigos, me despido, espero que David me sepa perdonar el tocho que le he enchufado y no lamente haberme invitado a participar en su aperiódica sección “Firma Invitada

Nada más.

Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaadios

HARD CANDY, de David Slade

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Director: David Slade.
Guionista: Brian Nelson.
Actores: Ellen Page, Patrick Wilson, Sandra Oh, Odessa Rae y Gilbert John.
Producción: Paul G.Allen, Michael Caldwell,…
Género: thriller psicológico.
Duración: 103 min.
Nacionalidad: USA (2005).

En contadas ocasiones, la enorme pantalla blanca del cine abandona su habitual discurso apático y reiterativo para sorprender al espectador, aturdido e indefenso por no estar acostumbrado a discursos en los que tengan cabida la audacia, el talento y el atrevimiento que bien merecería el desembolso del precio de una entrada. Todos los requisitos enumerados con anterioridad los reúne Hard Candy, meritoria opera prima de David Slade, absoluta triunfadora del pasado Festival Internacional de Cine Fantástico y de Terror de Sitges (Mejor Película, Mejor Guión y Premio del Público).

SINOPSIS: “Después de 3 meses conversando en un chat de Internet, Jeff y Hayley deciden concertar una cita. Ambos parecen conectar bien y compartir los mismos gustos e inquietudes.  El problema reside en que Hayley tiene 14 años y Jeff pasa de los 30. ¿Cuál es la intención de cada uno?”

Partiendo de la importancia que en este caso adquiere el factor sorpresa, obviaré toda tentación de desgranar el desarrollo de su trama, limitándome a comentar a grandes rasgos aquellos puntos que a mi juicio destacan entre un conjunto de la obra. 

Durante 103 minutos, apenas cinco personajes desfilan por la gran pantalla, recayendo todo el peso de la cinta sobre el excepcional dúo protagonista, conformado por unos inspiradísimos Ellen Page y Patrick Wilson. Apoyándose en un montaje casi teatral, Slade huye de artificios, recurriendo a una estética sobria en la que, exceptuando un par de escenas en las que evidencia su formación en el campo de los vídeos musicales, no caben las excentricidades ni excesos tan propios del cine contemporáneo.

Pero más allá de una estética adecuada, y un guión sólido, la gran virtud de Hard Candy reside en la creación de una atmósfera inquietante, opresiva, desasosegadora y terrorífica, transmitida eficazmente al espectador, quien asiste a un inusual despliegue de audacia que tiene como resultado el mantenerle aferrado a su asiento mientras se desarrolla una trama en la que, como suele decirse en estos casos, nada es lo que parece. Para lograr este resultado se recurren a la reducción de los escenarios, desarrollándose la mayor parte del film en la casa de Jeff, la utilización de primerísimos planos, estóicamente soportados por los protagonistas, y a un guión que en lugar de esforzarse por atar todos los cabos, permite al espectador formarse su propia idea acerca de cómo encaja este escabroso puzzle. Y lo cierto es que la marcada intención de cederle protagonismo al espectador se acentúa aún más si cabe en aquellas escenas que podríamos calificar como más desagradables, optando por la insinuación en detrimento del exhibicionismo gratuito propio de otras obras del género. Definitivamente, no hay nada más terrorífico que la imaginación del ser humano.

Pero todo este dechado de virtudes quedarían en mera anécdota de no haber contado con el talento de dos actores que aportan sus magistrales interpretaciones, la candidez, la inocencia, la sorpresa, el poder, la angustia, el miedo, o la ira sin caer en lo hiperbólico. Mención especial para Ellen Page, con una presencia sencillamente alucinante. Sin lugar a dudas, ambos actores darán que hablar.

En resumidas cuentas: un debut muy prometedor de Slade, quien con su talento, clase, y elegancia aborda un peliagudo tema de forma magistral, firmando una de las más gratas sorpresas que nos han ofrecido las carteleras durante este año. Tan recomendable como no apta para mentes impresionables.

Como curiosidades, comentar por una parte lo ilustrativo que resulta el precioso cartel de la película, y por otro la doble conexión de este film con el mundo de los cómics, no en vano Ellen Page interpreta a Kitty Pryde/Gatasombra en X-Men 3, y David Slade dirigirá la adaptación conematográfica de 30 Días de Noche, novela gráfica de Steve Niles y Ben Templesmith.

Un saludo y hasta pronto! (eso espero)